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Grandes beneficios

¿Por qué caminar diariamente cura el cerebro?

Caminar mejora la oxigenación del cerebro, reduce la ansiedad, el estrés, estimula la actividad cerebral y ayuda a ver la vida con mayor optimismo.

Caminar mejora la oxigenación del cerebro, reduce la ansiedad, el estrés, estimula la actividad cerebral y ayuda a ver la vida con mayor optimismo.

Henry David Thoreau nos invitó hace años, en “Caminar” a desandar lo andado y disfrutar de las virtudes espirituales del movimiento. Construyó una cabaña en los bosques (donde se retiró a vivir durante dos años) y nos regaló obras como “Walden” y “Desobediencia civil”.

Ahora, el neurocientífico Shane O’Mara analiza en “Elogio del caminar” (Anagrama) los beneficios del paseo desde una perspectiva neurofisiológica.

Caminar a diario mantiene la capacidad cognitiva del cerebro, el sistema nervioso y los músculos, regenera los órganos. Retrasa la demencia y elimina el estrés. Y todos esos efectos positivos tienen una base científica.

Para los antropólogos, fue empezar a caminar erguidos lo que nos hizo humanos. Este libro se sirve de rigurosos estudios científicos para lanzar una propuesta contra el sedentarismo de las sociedades occidentales.

Shane O’Mara, profesor de Investigación Experimental sobre el cerebro en el Trinity College de la Universidad de Dublín, regala reflexiones en cada párrafo.

Caminar en compañía

“Caminar en grupo es una asombrosa proeza de coordinación móvil de cuerpo y cerebro. Requiere que sincronicemos unos con otros, lo que nos permite mantener un objetivo conductual común durante un período de tiempo (...) Implica la acción coordinada y simultánea de múltiples regiones cerebrales para controlar la propia trayectoria y la de los otros. Es una tarea difícil, tanto que los robots aún no son capaces de hacerlo”.

Caminar por la ciudad

“El psicólogo Leon James describió como “furia andante” la irritación que ataca a algunos seres humanos cuando caminan por las calles de una ciudad. Los que obstaculizan el libre avance de otros muestran una furia peatonal pasivo-agresiva. Y los que ven su paso obstaculizado sienten una furia activa que les hace circular con intolerancia y desaprobación (…) La vida social solo es posible porque inhibimos constantemente nuestros impulsos más malignos”.

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