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Inseguridad alarmante

La espiral de violencia bajo el gobierno de Boluarte: un récord de sangre y negligencia

Casi 5 mil homicidios desde que empezó la sangrienta gestión de Dina Boluarte, rércord total. (Foto: Grok- IA)

Desde que Dina Boluarte asumió la presidencia el 7 de diciembre de 2022, el país ha sido testigo de una escalada de violencia sin precedentes que ha sumido a la población en un estado de zozobra constante.

Según datos oficiales del Sistema Nacional de Defunciones (SINADEF), hasta el 21 de julio de 2025 se han registrado 4.902 homicidios, lo que posiciona a la administración de Boluarte como la más letal en la historia moderna del país, con un promedio de 5.1 asesinatos diarios.

Estas cifras no solo reflejan una crisis de seguridad pública, sino que evidencian la incapacidad y negligencia de un gobierno que parece desbordado por la magnitud del problema, dejando a los peruanos a merced de la criminalidad.

El analista de datos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Juan Carbajal, advirtió que “desde el inicio de este gobierno hasta la fecha, se han registrado cerca de 5 mil homicidios" y que de seguir así este año será récord total.

Estas palabras resuenan como un grito de alerta ante la pasividad de un Ejecutivo que, lejos de asumir la gravedad de la situación, parece más preocupado por mantenerse en el poder que por garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

La falta de estrategias concretas para combatir la delincuencia y la ausencia de políticas públicas integrales han permitido que la violencia se arraigue en todos los ámbitos y horarios, afectando la vida cotidiana de los peruanos, quienes ya no encuentran refugio ni en sus propios barrios.

Bajo el mandato de Boluarte, el país no solo enfrenta una crisis de seguridad, sino también una profunda erosión de la confianza en las instituciones.

La Presidente, que asumió el cargo en medio de una convulsión política, prometió estabilidad y orden, pero su gestión ha estado marcada por la improvisación y la incapacidad para articular respuestas efectivas frente al avance de la criminalidad.

Los peruanos, atrapados en un contexto de inseguridad galopante, ven cómo el gobierno se limita a declaraciones vacías mientras los índices de violencia continúan rompiendo récords.

La falta de inversión en inteligencia policial, la precariedad del sistema judicial y la ausencia de programas sociales para prevenir el delito son solo algunas de las carencias que han convertido a esta administración en sinónimo de abandono.

El impacto de esta crisis trasciende las estadísticas: detrás de cada uno de los 4.902 homicidios hay familias destrozadas, comunidades atemorizadas y un país que pierde la esperanza en un futuro seguro.

La gestión de Boluarte, lejos de cumplir con su mandato de proteger a la ciudadanía, ha permitido que la delincuencia se instale como una sombra omnipresente, exponiendo la fragilidad de un gobierno que parece incapaz de enfrentar los desafíos que heredó y que, con su inacción, agravó.

Si no se toman medidas urgentes y efectivas, el legado de esta administración no solo será el de la inestabilidad política, sino también el de un país sumido en una violencia que amenaza con desbordar cualquier posibilidad de recuperación.

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